jueves, 2 de diciembre de 2010

Invierno es ya

Para marcela, pareciera que aún es junio, que el sofocante calor de verano, aún evapora cada líquido en su cuerpo, pareciera pues que el invierno se ha alejado, como si fuese inalcanzable. Y se han quedado las botas altas en el armario, tras ese cerrojo de metal, se han quedado ahí los abrigos y chaquetas, todo bajo llave, impenetrable, todo se ha quedado fuera del alzance.

Marcela triste, sombría como nunca antes, ha decidido insistir, pese que aún es verano en su cuerpo, agregando que aún el frio no causa escalofríos, insiste en abrir el cruel cerrojo que la mantiene a raya, sin avanzar de lugar, sin moverse un centímetro, ni siquiera a un lado o al otro. Marcela en la raya, se muere por avanzar, pero ecuánime y relajada, decide esperar, sabe que la llave en sus manos pronto estará, sabe lo que hay detrás de la puerta, sólo es cosa de ultimar detalles, sólo es cosa de tomar el ritmo del invierno creciente bajo sus pies.

Silencio y tranquila, sabe que la paciencia es crucial, decide esperar un poco, para sin el menor aviso comenzar a actuar, camina despacio, pues conoce el camino, se mueve sigilosa, pues no quiere hacer mucho ruido. Camina en la dirección correcta, a pasos cortos pero seguros, silencio y sigue avanzando, sin hacer nada de ruido, cada paso se ve mas firme que el anterior, de pronto con los ojos cerrados, determinación y reacción, cada paso es verdadero, cada paso la acerca más a la llave, que busca con tanto celo.

Sin reparar en detalle, ella toma la llave, está justo en su mano, está justo donde debe estar, algo sinuoso el camino, pero que a buen ver, ha sabido aprovechar, silenciosa, cautelosa, ha sabido protagonizar la búsqueda de tan anhelada reliquia. En mejores manos no podría estar, ahora el retorno a la puerta, más delicado, no podría ser, cada paso es primordial, el abrir esa puerta es el destino final. Cautelosa, cada vez más firme y complacida se decide acercar, poco a poco, paso a paso, casi en el cerrojo la llave está. Cada segundo es de temer, la llave deseada podría no ser. Marcela se acerca, la llave dentro del cerrojo está, gira su mano en sentido de las manecillas del reloj. Metal con metal, que ruido espantoso, de pronto un click, bota el cerrojo.

La puerta lista, abierta ya está, el sonido de las oxidadas visagras le hacen recordar, el invierno pasado, que cruel de aguantar. Un frio glacial recorre su piel, pero Marcela está lista para el invierno encarar. No más junio, ni verano, el invierno anhelado ha de comenzar.

Se calza sus botas, se llena de abrigos. el verdadero invierno la espera en el llano, que aún no la a azotado con su fuerza brutal. Depués del cerrojo, habrá otro obstáculo aún más cruel que debe parar. Por ahora ella está tranquila, pero sabe que la tormenta viene, cual feroz tigre agazapado, la espera tras la reja, no la dejara escapar, por eso botas y abrigos ella debe calzar.