Aprendí a leer a los 4 años por obra de mi padre, es por eso quizás que leo más de lo que escribo. Para los 5 años ya estaba en la primaria, conocía todas las letras del alfabeto y los sonidos producidos al unir unas con otras, me fallaba un poco el manuscrito, por eso mi maestra Malú me hacía llenar repetidas planas de paletas, bolitas, palitos, espirales, y cuanta cosa saliera de su mente para así agilizarme la mano. Aprendí a dibujar mucho antes de lo que aprendí a escribir, mi primer retrato hecho a lápiz número 2, fue de mi hermana, mi primer modelo fue ella, mi primera inspiración y mi primera ocurrencia. Dibujaba bien para mi edad, me temo que nunca avancé más en aquello que tomaba tantas tarde de mi infancia. Para los 9 años ya había leído 3 libros completos y de los gordos, uno de fábulas y leyendas que rogué a mi madre me comprara con uno de esos vendedores que pasan por tu casa para echar la propaganda, e intentar vender alguno de los productos que llevan en los lomos encorbados por el peso y sudorosos por el calor. Otro uno que tenia mi maestra Vicki de quinto de primaria. Cada vez que terminab el trabajo iba y lo revisaba, y me daba una escapadita a la repisita con libros varios, para tomar "las aventuras de Tom Sawyer", luego "el principito", había algunos con cuentos cortos que no me llamaban mucho la atención, pero si leí algún que otro cuentito de unas dos o tres hojas de extensión.
Nunca tuve una infancia muy agradable, nunca supe por que, a los demás niños gustaban de sacarme pleito, y decirme cosas, no tuve nunca muchos amigos, de hecho sólo tenia dos, Manuel y Ricardo; el primero está casado, el segundo reprobó cuarto de primaria y no supe nunca más de él. luego me quedé sola por un rato, no tenía ese "mejor amigo" que se consigue a esa edad, las niñas no me hablaban mucho, tampoco sabia el motivo, no me incluían en los juegos de deporte, quizás por que estaba muy flaca y no lucía del todo atlética. Era la última que elegían para el voley ball, el futibeis, basket ball, pero siempre fui líder estratega en las corretiadas, policias y ladrones, el tiburón, me autonombraba lider y nadie emitía represalia ante ello.
Era la primera en la que los maestros pensaban para pasar a decir los honores a la bandera, o la que escogían para la escolta, aunque sólo salí una vez, eso de la escolta no era para mi que siempre llegaba tarde. Tomé clases de ortografía, sólo para estar en el club de lectura, estaba como en cuarto de primaria, la maestra era una jóven como de unos 23 años a lo mucho, era flaca, alta y delgada, usaba aparatos en los dientes y siempre olía a fresas, su cabello era rizado y largo, siempre lo medio recogía con una peineta negra, nunca usaba bolsa para sus libros, sólo usaba una para sus cosas personales. Llevaba los libros en brazos. Era la primera persona que conocía en mi vida que le gustaba leer, que había estudiado para leer, que enseñaba sólo por que se le daba la gana hacerlo, no recibía ningún peso por darnos clases, pero todos los martes y jueves a las 4 de la tarde ella estaba en la entrada de la escuela esperando que se juntaran todos los chamacos que fueran posibles, para luego ir a pedir las llaves de alguna aula desocupada al director de la tarde, el director de la mañana, mi director, fungía como maestro por las tardes en la misma escuela, la cual llevaba nombres diferentes en cada turno. En ocasiones no había aulas, y nos enseñaba los secretos de la buena escritura bajo un arbolón cerca de la entrada, donde había una mesita y sillas desoldadas que sacaban y dejaban abandonadas por ahí, esa era nuestra aula entonces.
Siempre fui más bien solitaria y sin amigos, sobretodo en los últimos dos años de primaria, cuando las diferencias entre hombres y mujeres comenzaron a ser marcadas, y Manuel me dejó para jugar al fútbol y demostrar su hombría. Mientras yo, veía de lejos como todas las grandes jugaban voley ball en el patio principal. Esas niñas de doce o trece, dos más ya con quince años cumplidos, y sus cuerpos desarrollados, tenían senos y cuerpos agrandados, se llevaban con algunos maestros y podían sostener pláticas con los profesores de sexto año, se creían las grandes y adultas, yo las observaba con atención, desde la puerta cercana a la dirección, con mi vestido de mezclilla, calcetas azul marino y una blusa blanca debajo del refajo. Con una coleta de lado, el cabello rizado y alborotado como hasta estos días. Aveces las observaba con odio, por que eran tan diferentes a mi,la verdad nunca supe bien por que, pero me caían mal, lo que sí sabía muy en el fondo es que nuestros destinos serían totalmente diferentes, a mis escasos 10 años de vida ya había decidido mi destino. Tenía que ser igual que esa mujer que salvaba a un pueblo entero de la devastación total, una película inspiró mi camino, quizás por eso me gusta tanto el cine, y la ciencia ficción.
Nunca tuve muchos amigos, nunca fui bonita, nunca fui la alta ni la chaparra, nunca la más inteligente, nunca la rica ni la pobre, no fui la que llevaba la papelería completa a la escuela, ni la de asistencia perfecta, más bien faltaba seguido cuando no se me daba la gana ir a la escuela, nunca fui la que llega temprano, pero si la que llega tarde a la clase de las 7 de la mañana, o de plano no llega, siempre mantuve un perfil bajo, sin embargo de alguna manera me hice notar, mis comentarios en clase eran acertados, aveces cómicos, era lo único que le quedaba una lúgubre criatura como yo. Mi infancia no fue la más feliz en el contexto contemporáneo, no tuve nada fuera de lo ordinario, no salia mucho a jugar a la calle, de hecho no hay nada que recuerde que sea realmente feliz y digno de recordar, y a pesar de todo, recuerdo vívidamente cientos de pasaje triviales y aburridos, como si hubieren ocurrido ayer.