miércoles, 31 de octubre de 2012

Una mañana despejada

Hoy que iba a mi trabajo, vi a un hombre anciano que cargaba unas cubetas, eran dos, un palo las sostenía, una de cada lado, estaban llenas de objetos, y lucían pesadas, el palo que las sostenía atravesaba la espalda jorobada de aquel hombre, lo vi a los ojos, y le di los buenos días, el señor tenía una mirada cansada pero afable, me sonrió y me dijo "buenos días, que le vaya bien oiga, a uste' le falta mucho que hacer", sus palabras profundizaron en mi, pero sólo pude responder -igualmente los dos volteamos al mismo tiempo, y nos sonreímos al mismo tiempo, seguí mi camino, pese al gesto de amabilidad que me mostró aquel anciano, mis ojos se derritieron y empezaron a escurrir lágrimas, una tras otra, como si un dolor muy grande explotara dentro de mi pecho, se me atoró la saliva en la garganta, y no podía contenerme, esta mañana me sentí tan triste y tan aliviada al mismo tiempo, sentí como una afluencia de energía trastornaba mi mente, pero no podía parar de llorar, traté de calmarme unos minutos, respiré profundo varias veces, y lo logré, el rostro desconocido y fortaleza evidente del anciano que me encontré hoy en la mañana me han hecho pensar un sin fin de cosas, me han hecho saber que queda mucho por hacer, mientras cada humano en la tierra siga viviendo bajo condiciones tan desfavorables, la tarea sigue, mi espíritu y mi mente se han cansado, pero mi cuerpo tiene el vigor y la fuerza suficientes para continuar en esta lucha social, entre más conciencias logremos despertar, más cerca estaremos de la igualdad, la justicia y la verdad.