jueves, 24 de febrero de 2011

Un poco de mi infancia

Aprendí a hablar a los 9 meses según cuenta mi madre, podía pronunciar todas las palabras con claridad, pero jamás avisaba que quería hacer del baño. Aprendí artes plásticas a los 3 años, mis padres se asombraban de la perfección con la que representaba la figura humana en plastilina color verde y color roja, mi maestra Norma del kinder nunca me regañaba cuando cogía todo el bote son plastilina y me la quedaba para mi, no compartía con nadie, ella sabía en el fondo que yo le daría buen uso. Igual me dejaba calzarme los únicos zapatos de tacón que había en el cuarto, y que los sacara del aula para jugar en el recreo. Mi madre siempre dice que el día que llevó a mi hermana Iris a su primer día de kinder, mi maestra Norma brincó de alegría en su asiento, y dijo "¡Polet que bueno que volviste!" sin embargo no era yo aquella niña, mi madre tuvo que explicar que yo y estaba en segundo año de primaria, y que no volvería al kinder nunca más, y que llevaba a mi hermana Iris, por que ella si estaba en edad de estar ahí.

Aprendí a leer a los 4 años por obra de mi padre, es por eso quizás que leo más de lo que escribo. Para los 5 años ya estaba en la primaria, conocía todas las letras del alfabeto y los sonidos producidos al unir unas con otras, me fallaba un poco el manuscrito, por eso mi maestra Malú me hacía llenar repetidas planas de paletas, bolitas, palitos, espirales, y cuanta cosa saliera de su mente para así agilizarme la mano. Aprendí a dibujar mucho antes de lo que aprendí a escribir, mi primer retrato hecho a lápiz número 2, fue de mi hermana, mi primer modelo fue ella, mi primera inspiración y mi primera ocurrencia. Dibujaba bien para mi edad, me temo que nunca avancé más en aquello que tomaba tantas tarde de mi infancia. Para los 9 años ya había leído 3 libros completos y de los gordos, uno de fábulas y leyendas que rogué a mi madre me comprara con uno de esos vendedores que pasan por tu casa para echar la propaganda, e intentar vender alguno de los productos que llevan en los lomos encorbados por el peso y sudorosos por el calor. Otro uno que tenia mi maestra Vicki de quinto de primaria. Cada vez que terminab el trabajo iba y lo revisaba, y me daba una escapadita a la repisita con libros varios, para tomar "las aventuras de Tom Sawyer", luego "el principito", había algunos con cuentos cortos que no me llamaban mucho la atención, pero si leí algún que otro cuentito de unas dos o tres hojas de extensión.

Nunca tuve una infancia muy agradable, nunca supe por que, a los demás niños gustaban de sacarme pleito, y decirme cosas, no tuve nunca muchos amigos, de hecho sólo tenia dos, Manuel y Ricardo; el primero está casado, el segundo reprobó cuarto de primaria y no supe nunca más de él. luego me quedé sola por un rato, no tenía ese "mejor amigo" que se consigue a esa edad, las niñas no me hablaban mucho, tampoco sabia el motivo, no me incluían en los juegos de deporte, quizás por que estaba muy flaca y no lucía del todo atlética. Era la última que elegían para el voley ball, el futibeis, basket ball, pero siempre fui líder estratega en las corretiadas, policias y ladrones, el tiburón, me autonombraba lider y nadie emitía represalia ante ello.


Era la primera en la que los maestros pensaban para pasar a decir los honores a la bandera, o la que escogían para la escolta, aunque sólo salí una vez, eso de la escolta no era para mi que siempre llegaba tarde. Tomé clases de ortografía, sólo para estar en el club de lectura, estaba como en cuarto de primaria, la maestra era una jóven como de unos 23 años a lo mucho, era flaca, alta y delgada, usaba aparatos en los dientes y siempre olía a fresas, su cabello era rizado y largo, siempre lo medio recogía con una peineta negra, nunca usaba bolsa para sus libros, sólo usaba una para sus cosas personales. Llevaba los libros en brazos. Era la primera persona que conocía en mi vida que le gustaba leer, que había estudiado para leer, que enseñaba sólo por que se le daba la gana hacerlo, no recibía ningún peso por darnos clases, pero todos los martes y jueves a las 4 de la tarde ella estaba en la entrada de la escuela esperando que se juntaran todos los chamacos que fueran posibles, para luego ir a pedir las llaves de alguna aula desocupada al director de la tarde, el director de la mañana, mi director, fungía como maestro por las tardes en la misma escuela, la cual llevaba nombres diferentes en cada turno. En ocasiones no había aulas, y nos enseñaba los secretos de la buena escritura bajo un arbolón cerca de la entrada, donde había una mesita y sillas desoldadas que sacaban y dejaban abandonadas por ahí, esa era nuestra aula entonces.

Siempre fui más bien solitaria y sin amigos, sobretodo en los últimos dos años de primaria, cuando las diferencias entre hombres y mujeres comenzaron a ser marcadas, y Manuel me dejó para jugar al fútbol y demostrar su hombría. Mientras yo, veía de lejos como todas las grandes jugaban voley ball en el patio principal. Esas niñas de doce o trece, dos más ya con quince años cumplidos, y sus cuerpos desarrollados, tenían senos y cuerpos agrandados, se llevaban con algunos maestros y podían sostener pláticas con los profesores de sexto año, se creían las grandes y adultas, yo las observaba con atención, desde la puerta cercana a la dirección, con mi vestido de mezclilla, calcetas azul marino y una blusa blanca debajo del refajo. Con una coleta de lado, el cabello rizado y alborotado como hasta estos días. Aveces las observaba con odio, por que eran tan diferentes a mi,la verdad nunca supe bien por que, pero me caían mal, lo que sí sabía muy en el fondo es que nuestros destinos serían totalmente diferentes, a mis escasos 10 años de vida ya había decidido mi destino. Tenía que ser igual que esa mujer que salvaba a un pueblo entero de la devastación total, una película inspiró mi camino, quizás por eso me gusta tanto el cine, y la ciencia ficción.

Nunca tuve muchos amigos, nunca fui bonita, nunca fui la alta ni la chaparra, nunca la más inteligente, nunca la rica ni la pobre, no fui la que llevaba la papelería completa a la escuela, ni la de asistencia perfecta, más bien faltaba seguido cuando no se me daba la gana ir a la escuela, nunca fui la que llega temprano, pero si la que llega tarde a la clase de las 7 de la mañana, o de plano no llega, siempre mantuve un perfil bajo, sin embargo de alguna manera me hice notar, mis comentarios en clase eran acertados, aveces cómicos, era lo único que le quedaba una lúgubre criatura como yo. Mi infancia no fue la más feliz en el contexto contemporáneo, no tuve nada fuera de lo ordinario, no salia mucho a jugar a la calle, de hecho no hay nada que recuerde que sea realmente feliz y digno de recordar, y a pesar de todo, recuerdo vívidamente cientos de pasaje triviales y aburridos, como si hubieren ocurrido ayer.


lunes, 21 de febrero de 2011

Clara

... y aquel día soñé que había perdido por completo la capacidad de amar, el poder de enamorarme, que hasta ese momento habia conocido sólo con aquel cáilido hombre, que con el tiempo, fuí olvidando, poco a poco y sin darme cuenta, todo aquel drama era un borroso recuerdo en el espacio de mi memoria, y una luz brillante, enternecedora, triste y dolorosa resguardada aún en un profundo compartimento dentro mi ser, en el estómago podría ser, donde sentía como todo se unia y me hacía pasar un mal rato. Recuerdos no gratos recorrian mi cabeza y mi cuerpo, un hormigueo, unos piquetes en las plantas de los pies y las palmas de las manos, eso era por lo que pasaba cuando venían a mí todas aquellas emociones.


Desperté de un salto, temerosa de él, temerosa del mundo, era un combinación de sensaciones muy controvertidas, tenia ese gusto que se libera y explota dentro de sí, al decir alguna mentira, o al robar algún objeto sin testigos habladores y sin ser detenido por la autoridad, al mismo tiempo, el miedo que se siente de ser descubierto, mejor dicho; todo estaba opacado por el miedo, tenia miedo de volver a sentirme indefensa ante aquellos ojos café claros, más bien casi ocre, amarillosos y perpetuos, con una mirada adulta pero afable, con una profundidad intensa y al mismo tiempo indecifrable, podía pasar una tarde entera tratando de adivinar sus más secretos pensamientos, sin lograr pista alguna de lo que acontecía en su ser, hermoso, incorrupto por el tiempo, con su piel lisa y bronceada por efecto del sol del medio día, casi celestial, casi perfecto, no era de este mundo, y este mundo no merecía tanta perfección en un sólo cuerpo, yo no merecía tanta perfección a mi lado, pero lo deseaba, lo deseaba más que a nada en el mundo, más que al dinero, más que a mi profesión, más que al agua y más que cualquier alimento, era lo único en lo que podía pensar día y noche, en él y en tratar de adivinar sus secretos, sus pensamientos, sus idelaes, y todo lo que aconteciere en torno suyo. Ese era el momento, y ese era justo el sentimiento, estaba enamorada, estaba enamorada del ser más perfecto sobre el universo entero.


Sin darme cuenta, todo pasó rápido y ligero. Este cúmulo de sensaciones que crecía dentro de mi vientre día con día, no hacía más que crecer, y tomar razones para sí, mi cabeza no hacía más, sólo justificarlo, no tenía razón ni sentido para pensar en nada más, ocupaba todo mi tiempo, mis fuerzas, todas mis células cerebrales trabajando en conjunción tratando de decifrar cada detalle de su vida, de sus gustos, de su olor. En ocasiones pensaba ¿a qué sabría su piel si le diera un mordisco?, el sabor, era un sabor a ciruela salada, la piel sobre su cuello, el sabor de sus labios, era como un coco tierno, un sabor suave pero perdurable, húmedo y sabroso. Fui adivinado desde ese día todos los posibles sabores de su cuerpo, hasta el de los lugares indiscretos.



Aquel día y en aquel sueño, soñé también que sólo había una persona en este mundo, de todos esos miles de millones de humanos, sólo existía uno de entre millones que entendía mis más bizarras ideas, y las compartía, soñé entonces que pensábamos al mismo tiempo, las mismas trivialidades. Que sueño romántico aquel del que no quería despertar. Estaba ida en el limbo de los sueños, extasiada de imaginarte a mi lado por la eternidad, esa palabra que suena como mucho tiempo y es infinita, esa palabra única que describe justo lo que sentí en ese momento, era eterno...



Abrumada reparé en tus ojos, eras tú, esa única persona de entre miles eras tú con tus ojos color ocre y tu piel con sabor a ciruela salada, y con ese aroma a hombre, a fuerza y tenacidad, con tus suaves y delineados labios, rojos como las cerezas en almíbar que tanto gozabas degustar. Vino a mi el primer recuerdo de tus bellos ojos penetrando en mi alma, claros y sublimes, y tu esplendorosa voz, espetando las más perfectas palabras jamás unidas, y yo, que en ese entonces no sabía lo que sería, escuchándote interesada, y asintiendo con la cabeza, prestando atención a la historia mostrada, y tratando de dar mi más certero comentario, estudiando al mismo tiempo tu comportamiento y pensando un sin fin de cosas que nada tenían que ver con el momento. Me di cuenta que existió aquel instante del primer acercamiento, donde nuestras manos se rozaron en el camino a la bebida, cosa trivial y ordinaria, la recuerdo y atesoro en mi entendimiento. Luego la vida pasó, y sin darme cuenta mi suerte estaba echada, habría se sufrir por ti, y en ese momento me daba por enterada...



Después de aquellos cinco años, todo se fue acabando, primero el distanciamiento, luego los intereses se polarizaron, tu en tus cosas y yo en lo que hasta el momento llamaría las mías. Así como todo inició, sin darme cuenta, así mismo advertí el fin del martirio, y me asusté, y no había nada, no existía sentimiento alguno en mis entrañas, en mi vientre, en mi ser. Tenía un temor inmenso, y esa vocecita chillona en mi cabeza que me decía, que esta había sido mi ultima oportunidad. Sentí desconfianza de mi, recelo de mi extrema prudencia, me sentí culpable por haber ocultado lo que no debía, violentos pensares acobardaban mi ente, medrosa y timorata, no sabía que hacer, tenía miedo de no volver a encontrar unos ojos color ocre que me hicieran amar hasta el infinito.