... y aquel día soñé que había perdido por completo la capacidad de amar, el poder de enamorarme, que hasta ese momento habia conocido sólo con aquel cáilido hombre, que con el tiempo, fuí olvidando, poco a poco y sin darme cuenta, todo aquel drama era un borroso recuerdo en el espacio de mi memoria, y una luz brillante, enternecedora, triste y dolorosa resguardada aún en un profundo compartimento dentro mi ser, en el estómago podría ser, donde sentía como todo se unia y me hacía pasar un mal rato. Recuerdos no gratos recorrian mi cabeza y mi cuerpo, un hormigueo, unos piquetes en las plantas de los pies y las palmas de las manos, eso era por lo que pasaba cuando venían a mí todas aquellas emociones.
Desperté de un salto, temerosa de él, temerosa del mundo, era un combinación de sensaciones muy controvertidas, tenia ese gusto que se libera y explota dentro de sí, al decir alguna mentira, o al robar algún objeto sin testigos habladores y sin ser detenido por la autoridad, al mismo tiempo, el miedo que se siente de ser descubierto, mejor dicho; todo estaba opacado por el miedo, tenia miedo de volver a sentirme indefensa ante aquellos ojos café claros, más bien casi ocre, amarillosos y perpetuos, con una mirada adulta pero afable, con una profundidad intensa y al mismo tiempo indecifrable, podía pasar una tarde entera tratando de adivinar sus más secretos pensamientos, sin lograr pista alguna de lo que acontecía en su ser, hermoso, incorrupto por el tiempo, con su piel lisa y bronceada por efecto del sol del medio día, casi celestial, casi perfecto, no era de este mundo, y este mundo no merecía tanta perfección en un sólo cuerpo, yo no merecía tanta perfección a mi lado, pero lo deseaba, lo deseaba más que a nada en el mundo, más que al dinero, más que a mi profesión, más que al agua y más que cualquier alimento, era lo único en lo que podía pensar día y noche, en él y en tratar de adivinar sus secretos, sus pensamientos, sus idelaes, y todo lo que aconteciere en torno suyo. Ese era el momento, y ese era justo el sentimiento, estaba enamorada, estaba enamorada del ser más perfecto sobre el universo entero.
Sin darme cuenta, todo pasó rápido y ligero. Este cúmulo de sensaciones que crecía dentro de mi vientre día con día, no hacía más que crecer, y tomar razones para sí, mi cabeza no hacía más, sólo justificarlo, no tenía razón ni sentido para pensar en nada más, ocupaba todo mi tiempo, mis fuerzas, todas mis células cerebrales trabajando en conjunción tratando de decifrar cada detalle de su vida, de sus gustos, de su olor. En ocasiones pensaba ¿a qué sabría su piel si le diera un mordisco?, el sabor, era un sabor a ciruela salada, la piel sobre su cuello, el sabor de sus labios, era como un coco tierno, un sabor suave pero perdurable, húmedo y sabroso. Fui adivinado desde ese día todos los posibles sabores de su cuerpo, hasta el de los lugares indiscretos.
Aquel día y en aquel sueño, soñé también que sólo había una persona en este mundo, de todos esos miles de millones de humanos, sólo existía uno de entre millones que entendía mis más bizarras ideas, y las compartía, soñé entonces que pensábamos al mismo tiempo, las mismas trivialidades. Que sueño romántico aquel del que no quería despertar. Estaba ida en el limbo de los sueños, extasiada de imaginarte a mi lado por la eternidad, esa palabra que suena como mucho tiempo y es infinita, esa palabra única que describe justo lo que sentí en ese momento, era eterno...
Abrumada reparé en tus ojos, eras tú, esa única persona de entre miles eras tú con tus ojos color ocre y tu piel con sabor a ciruela salada, y con ese aroma a hombre, a fuerza y tenacidad, con tus suaves y delineados labios, rojos como las cerezas en almíbar que tanto gozabas degustar. Vino a mi el primer recuerdo de tus bellos ojos penetrando en mi alma, claros y sublimes, y tu esplendorosa voz, espetando las más perfectas palabras jamás unidas, y yo, que en ese entonces no sabía lo que sería, escuchándote interesada, y asintiendo con la cabeza, prestando atención a la historia mostrada, y tratando de dar mi más certero comentario, estudiando al mismo tiempo tu comportamiento y pensando un sin fin de cosas que nada tenían que ver con el momento. Me di cuenta que existió aquel instante del primer acercamiento, donde nuestras manos se rozaron en el camino a la bebida, cosa trivial y ordinaria, la recuerdo y atesoro en mi entendimiento. Luego la vida pasó, y sin darme cuenta mi suerte estaba echada, habría se sufrir por ti, y en ese momento me daba por enterada...
Después de aquellos cinco años, todo se fue acabando, primero el distanciamiento, luego los intereses se polarizaron, tu en tus cosas y yo en lo que hasta el momento llamaría las mías. Así como todo inició, sin darme cuenta, así mismo advertí el fin del martirio, y me asusté, y no había nada, no existía sentimiento alguno en mis entrañas, en mi vientre, en mi ser. Tenía un temor inmenso, y esa vocecita chillona en mi cabeza que me decía, que esta había sido mi ultima oportunidad. Sentí desconfianza de mi, recelo de mi extrema prudencia, me sentí culpable por haber ocultado lo que no debía, violentos pensares acobardaban mi ente, medrosa y timorata, no sabía que hacer, tenía miedo de no volver a encontrar unos ojos color ocre que me hicieran amar hasta el infinito.
Amiga... No se ni qué decir, pero puedo jurarte que ya había sentido cada una de estas palabras...las he vivido y, por un momento, al leerlas todo fue real de nuevo.
ResponderBorrarTú me conoces... creo que en este escrito en salido a través de ti..