Yo lo he vivido, muchas veces he sentido como flachazos intermitentes de felicidad llenan espacios en mi estómago, espacios impensados en mi pecho, pero nunca duran demasiado, a penas y estoy terminando de contar mi felicidad, cuando es ensuciada y revocada de mi, apenas y esbozo un sonrisa honesta, la felicidad se ha ido. Es definitivamente el camino más interminable que recorrerás en tu vida, es lo que más deseas, es lo que realmente anhelas, jamás lo obtendrás como tal.
Algunas satisfacciones, ahí estarán, enojos discusiones, gritos, malos entendidos, lágrimas falsas, y sinceras, gritos de desesperación, de razón, de impotencia y de imposición, muchos de estos tendrás, recordarás fragmentos de situaciones basados en gritos y discusiones por doquier, pero lo que realmente apreciarás con el paso del tiempo, serán esos pequeños pero inexorables flachazos de felicidad que has venido a buscar. Esos, son como estrellas fugaces, apenas los disfrutas unos segundos, y no vuelven más, te alimentas del recuerdo, y de saber que existen, y el saber que tuviste el privilegio de estar presente cuando uno de ellos se presentó. Añoras que vuelva a ocurrir, siempre crees que volverán pronto, pero nunca sabes, nunca sabrás cuando puede llegar otro, de igual o menor magnitud, sólo esperas que aparezca antes de que mueras, de que sea flagrante, indulgente, perpetuo, en el fondo, sabes que no será así.
¿Qué es pues? No lo sé, ¿Cómo será? tampoco lo sé. Y en verdad que estamos cercenados de saber, pues no sabemos nada, historia natural y artificial, fechas, especies, nombres, personas, ¿quienes?, ¿cuando? y ¿para qué? pero en verdad que no sabemos de quienes hablamos, en verdad que no sabemos ni quienes somos, ni por que sentimos lo que sentimos, por que deseamos, lo que deseamos, y tantas veces deseamos lo que bien sabemos jamás habremos de tener. Somos francamente seres tan sencillos e inmutables que rayamos en lo intrincado y engorroso, somos pues sólo nosotros, tratando de alcanzar aquella utopía para siempre, que existe claro y a quién le he conocido tan escurridiza y banal, que apenas he disfrutado su presencia, cuando ya ha retomado el camino de sus lares.
Soy yo quien dice, que puede decir muchas cosas, y pensar todo lo contrario, soy yo quien avisa, que puede ser totalmente diferente de lo que se ve y que en realidad nunca se ha ido, pero yo no soy nadie para convencer a nadie, sólo soy yo, remembrando mis pensamientos sobre la almohada.
Soy yo quien dice, que puede decir muchas cosas, y pensar todo lo contrario, soy yo quien avisa, que puede ser totalmente diferente de lo que se ve y que en realidad nunca se ha ido, pero yo no soy nadie para convencer a nadie, sólo soy yo, remembrando mis pensamientos sobre la almohada.
Es al parecer, a mi juicio y mi saber, escurridiza y banal, insípida y fútil, para quedarse por siglos, es sólo algo intangible, pero trascendente, efímera, falaz, ¡impostora!, que hace creer que es para siempre, que hace pensar que el día que llega jamás se irá de tu lado...
¡Falaz e impostora!
¡Falaz e impostora!
¡hipócrita!
¿A cuántos más habrás engañado con tu presencia fugaz?
Es sólo la historia que se repite, una vez, y otra seguida de una nueva, sin interés redituable, tú no ganas nada, yo sólo pierdo un poco la perspectiva, luego la enderezo para no volver a caer nunca más, o por lo menos, para intentar atracarte con más fuerza si es que llegas a volver en un tortuoso flachazo como un inescrutable destello fugaz, quisiera acerarte a mi lado para siempre, pero tú, falaz e impostora me haces probar de tu sabiduría de ancestro para marcharte luego y regresar en mil siglos, y en muchas vidas podré saber de ti, y volveré a actuar sin mesura ni cordura, volveré a querer aferrarme a ti como raíz de cedro, y tu volverás a mentir, y escabullirte de entre mis pensamientos.
¡Falaz e impostora!
¡hipócrita!
¿Porqué no puedes quedarte? no lo sé, nunca lo sabre, pero seguiré en la espera de tu arribo, y te amaré cuando aparezcas, y volveré a odiarte cuando te marches, para emprender tu búsqueda nuevamente... y la historia se repetirá en cuantas historias sean necesarias, y todas las vidas que tenga que vivir, intentaré cada vez afianzarte con más fuerza que antes, aunque dentro de mi sabré el predecible final, la esperanza quedaré perpetua en mi memoria, de que existes, de que algún día volverás, aunque sea en forma de un flachazo intermitente que nunca termina de aterrizar.
Mentirosa, que me haces creer que has llegado para permanecer, y escapas a la menor provocación, escapas furtiva y no regresas más, hasta que de nuevo logre encontrarle a usted otra vez, seguiré buscando, seguiré esperando...
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