miércoles, 12 de mayo de 2010

Sabores + Colores


Me gusta ir caminando, sólo caminando por ahí, a pesar de que la caminata no es mi deporte favorito, de cuando en cuando disfruto de una buena caminada a solas, y no es en sí el hecho de caminar lo que me pone eufórica, si no la inmensa cantidad de pensamientos que abarrotan mi cerebro, quien empieza a hacer conexiones a mil por hora, claro, comparadas con la cantidad de conexiones que hacía Einstein al descifrar la teoría de la relatividad especial, lo mío no asciende a mas de unos 100 billones de conexiones.

Y ¿Qué es lo que pienso? De todo un poco, lo que más me gusta imaginar es el futuro, me sitúo en el lugar donde esté en ese momento, y empiezo a imaginar futuros alternos, pienso en todas las opciones que tengo, y que me son factibles llevar a cabo, y después empiezo a imaginar todas las demás opciones que pueden derivarse de las acciones pasadas, y continúo imaginando, de pronto un enorme árbol de posibilidades con extensos ramilletes de acciones yace en mi cerebro, y de ahí se desbordan más y más posibilidades y esto no tiene fin, de pronto y sin reparar en nada, abandono el gigantesco árbol con inmensos ramilletes y dejo que el destino guíe mi camino.


Consigo un buen asiento, como debe de ser, cierro los ojos, y dejo mi mente en blanco, cuesta mucho trabajo hacer esto, valla que es un esfuerzo, pero lo intento, luego pequeños pensamientos empiezan a escabullirse al salón en blanco de mi mente, y empiezan a colorear todo otra vez, y empiezo a eliminarlos uno a uno, hasta conseguir una habitación en blanco de nuevo, pero es una pequeña guerra que no termina nunca, cada vez que los colores son expulsados, regresan con ahínco, con un fervor incontrolable, luego empiezan escaparse a nuevas habitaciones, que no tenía planeado utilizar, y ahí estoy yo, corriendo como loca detrás de todos esos colores obstinados, algunos tienen mis formas favoritas, cilindros abotijados, unos con texturas como de malvaviscos color amarillo, ¡ah! Con un olor a amarillo impresionante, otros son de color verde, pero tienen ese olor a color azul muy característico, ¡no!, no el que es como menta combinado con pasta dental, si no el que es como caramelo de yerba buena con miel.

Existen otros con textura de goma de mascar color rojo, de más dos metros de largo, tienen piernas largas de un metro y medio, son delgadas como espagueti, obvio, con el olor a frambuesa y moras, pero el sabor a fresa ácida combinada con kiwi y ciruela, demasiado delicioso, se me derrite la boca de sólo imaginar el sabor. Esta es otra de mis pasiones, imaginar los sabores de distintos colores, combinar colores y luego imaginar su sabor.

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