domingo, 13 de noviembre de 2011

La busqueda

Al parecer la historias nunca terminan, nunca son diferentes, sólo cambian el nombre de los protagonistas y queda exactamente el mismo final, empieza en donde debe empezar dos personas desconocidas tratando de conocerse, y termina en lo mismo, dos personas que se conocieron, continúan conociéndose y enamorándose, no importa como, cuando, quienes eran, obtienen el final merecido, pero alguien ha escrito de algún final no bueno, que no termine con dos personas enamoradas siendo felices? no, eso no existe, si así fuera, no sería una historia, y la verdad es que, la felicidad, no existe, tal como la conocemos a través de cuentos, historias, son una falacia, existen pequeños momentos, a lo que yo llamo flachazos del atisbo de la felicidad, es lo más cercano a la felicidad que conocerás en toda tu vida, si dura más de unos minutos, es por que eres realmente afortunado.

Yo lo he vivido, muchas veces he sentido como flachazos intermitentes de felicidad llenan espacios en mi estómago, espacios impensados en mi pecho, pero nunca duran demasiado, a penas y estoy terminando de contar mi felicidad, cuando es ensuciada y revocada de mi, apenas y esbozo un sonrisa honesta, la felicidad se ha ido. Es definitivamente el camino más interminable que recorrerás en tu vida, es lo que más deseas, es lo que realmente anhelas, jamás lo obtendrás como tal.

Algunas satisfacciones, ahí estarán, enojos discusiones, gritos, malos entendidos, lágrimas falsas, y sinceras, gritos de desesperación, de razón, de impotencia y de imposición, muchos de estos tendrás, recordarás fragmentos de situaciones basados en gritos y discusiones por doquier, pero lo que realmente apreciarás con el paso del tiempo, serán esos pequeños pero inexorables flachazos de felicidad que has venido a buscar. Esos, son como estrellas fugaces, apenas los disfrutas unos segundos, y no vuelven más, te alimentas del recuerdo, y de saber que existen, y el saber que tuviste el privilegio de estar presente cuando uno de ellos se presentó. Añoras que vuelva a ocurrir, siempre crees que volverán pronto, pero nunca sabes, nunca sabrás cuando puede llegar otro, de igual o menor magnitud, sólo esperas que aparezca antes de que mueras, de que sea flagrante, indulgente, perpetuo, en el fondo, sabes que no será así.

¿Qué es pues? No lo sé, ¿Cómo será? tampoco lo sé. Y en verdad que estamos cercenados de saber, pues no sabemos nada, historia natural y artificial, fechas, especies, nombres, personas, ¿quienes?, ¿cuando? y ¿para qué? pero en verdad que no sabemos de quienes hablamos, en verdad que no sabemos ni quienes somos, ni por que sentimos lo que sentimos, por que deseamos, lo que deseamos, y tantas veces deseamos lo que bien sabemos jamás habremos de tener. Somos francamente seres tan sencillos e inmutables que rayamos en lo intrincado y engorroso, somos pues sólo nosotros, tratando de alcanzar aquella utopía para siempre, que existe claro y a quién le he conocido tan escurridiza y banal, que apenas he disfrutado su presencia, cuando ya ha retomado el camino de sus lares.

Soy yo quien dice, que puede decir muchas cosas, y pensar todo lo contrario, soy yo quien avisa, que puede ser totalmente diferente de lo que se ve y que en realidad nunca se ha ido, pero yo no soy nadie para convencer a nadie, sólo soy yo, remembrando mis pensamientos sobre la almohada.

Es al parecer, a mi juicio y mi saber, escurridiza y banal, insípida y fútil, para quedarse por siglos, es sólo algo intangible, pero trascendente, efímera, falaz, ¡impostora!, que hace creer que es para siempre, que hace pensar que el día que llega jamás se irá de tu lado...

¡Falaz e impostora!
¡hipócrita!

¿A cuántos más habrás engañado con tu presencia fugaz?
Es sólo la historia que se repite, una vez, y otra seguida de una nueva, sin interés redituable, tú no ganas nada, yo sólo pierdo un poco la perspectiva, luego la enderezo para no volver a caer nunca más, o por lo menos, para intentar atracarte con más fuerza si es que llegas a volver en un tortuoso flachazo como un inescrutable destello fugaz, quisiera acerarte a mi lado para siempre, pero tú, falaz e impostora me haces probar de tu sabiduría de ancestro para marcharte luego y regresar en mil siglos, y en muchas vidas podré saber de ti, y volveré a actuar sin mesura ni cordura, volveré a querer aferrarme a ti como raíz de cedro, y tu volverás a mentir, y escabullirte de entre mis pensamientos.

¡Falaz e impostora!
¡hipócrita!

¿Porqué no puedes quedarte? no lo sé, nunca lo sabre, pero seguiré en la espera de tu arribo, y te amaré cuando aparezcas, y volveré a odiarte cuando te marches, para emprender tu búsqueda nuevamente... y la historia se repetirá en cuantas historias sean necesarias, y todas las vidas que tenga que vivir, intentaré cada vez afianzarte con más fuerza que antes, aunque dentro de mi sabré el predecible final, la esperanza quedaré perpetua en mi memoria, de que existes, de que algún día volverás, aunque sea en forma de un flachazo intermitente que nunca termina de aterrizar.

Mentirosa, que me haces creer que has llegado para permanecer, y escapas a la menor provocación, escapas furtiva y no regresas más, hasta que de nuevo logre encontrarle a usted otra vez, seguiré buscando, seguiré esperando...


sábado, 16 de julio de 2011

HOY NO ME SIENTO FELIZ

Después de ver un alarmante video acerca del maltrato que sufren los animales, antes de ser sacrificados y vendidos por partes, recordé por que quería ser vegetariana, por que lo fui algunos años, y me hizo recordar por que intenté probarlo de nuevo. En pleno siglo XXI, en verdad es una desgracia que existan personas sin escrúpulos que se atrevan a cometer tremenda cantidad de actos bandálicos con animales totalmente indefensos, encerrarlos en jaulas metálicas de por vida, decapitarlos, ahorcarlos, degollarlos, maltratarlos, golpearlos y mutilarlos sin ninguna compasión, sin ninguna anestésia, sin ningún sentimientos de infelicidad, con tal crueldad que pareciera lo disfrutaran, y es que con el simple hecho de ver el video no me siento feliz de haber cenado un sushi con trozos de camaron y queso.

Hoy no me siento feliz con el progreso de nuestra sociedad, que cada vez parece alejarse más de los principios y de la moral, una sociedad que parece perdida e inmersa en el capitalismo, donde dinero llama dinero, donde la superficialidad se encuentra más superficial que nunca, donde la belleza cuenta más que la inteligencia, donde el poder y la corrupción triunfan sobre la moral y la ética. Yo no quiero ser así, no me quiero sumergir en este mundo de inmundicias y vanalidades, no quiero ser parte de un mal cimentado sistema de crueldad y bandalismo.

"La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la manera en que ellos tratan a sus animales. Yo siento que el progreso espiritual requiere que en algún momento dejemos de matar a nuestras criaturas hermanas para la satisfacción de nuestros deseos corporales" Mahatma Gandhi.

Y nada más que agregar a estas sabias palabras, yo creo que una nación crece en medida que la educación llegue a la infancia, de una sociedad con buenos cimientos se obtienen buenos resultados, hay que educar para crecer como personas de bien, hay que retomar los valores y principios que hemos dejado empolvarse a través de los años, cada generación parece degenerarse año a año, pareciera que el conocimiento, la sabiduría, la moral y los principios estuviera en un proceso de degradación irreversible en el tiempo y espacio. Pareciera quizás que el objetivo principal de la humanidad fuese ser bello y poderoso, y no el motivo por el cual realmente estamos aquí, para ser felices, y hacer felices a quienes están en nuestro entorno

La sociedad se encuentra en un proceso de desintergración y especulación, de escaza acción, escasos principios y valores, somos más pasivos de lo que pensamos al permitir que esta desintegración gradual de la sociedad siga ocurriendo. Nuestro objetivo debiera ser procurar el bienestar de los demás, sólo así obtendremos el bienestar propio. Como ha dicho Einstein "procura no convertirte en un hombre de éxito, si no en un hombre de valor" el éxito tiene su fin tras algunas temporadas, el valor perdura por generaciones.

Para forjar una sociedad íntegra, se requieren diversos ingredientes que logren ser homogéneos.

sábado, 25 de junio de 2011

Viejitos...

Esto es algo que escribí hace algún tiempo... pero me gustó hoy que lo leí, así que lo comparto con el mundo. Ya no corro más atravesando calles, ahora me maquillo cada vez que salgo, sigo sin usar faldas ni tacones.

Porque Dios me hizo mujer


Cada mañana despertar

Y saber que tienes que lucir bien,

Que hay muchas otras en el mundo

Invirtiendo tiempo en cómo se ven


Despertar en ocasiones

Con el tiempo justo para la ducha,

Tomar un ropaje cualquiera, con el cabello alborotado y destilando agua,

Salir corriendo para llegar a tiempo a la cita


Porque Dios me hizo mujer,

Sabiendo mi escaso interés en peinarme

Y mi poco esmero al maquillarme,

Para estar en casa o salir a la escuela en un día cualquiera


Porque Dios me hizo mujer,

Fuerte y algo masculina,

Cuando siempre he querido ser

Delicada y femenina


Cuando corro atravesando calles,

Con el cabello enmarañado,

Cuando como sin mesura, ni atención alrededor,

Pienso que hay otras luciendo siempre hermosas, glamurosas y radiantes.


Se me hizo mujer por un motivo,

No para ser un molde intacto,

Ni para ser un maniquí bien vestido,

Se me hizo mujer, dejémoslo al destino.


Porque Dios me hizo mujer, y en ocasiones quiero ser,

Cumplir con lo que se dice debes ser, vestirme bien

Usar zapatos altos y vestidos,

Maquillarme a más no poder.


Porque Dios me hizo mujer, y como no puedo ir contra de Él,

Como mujer debo ascender

Perder el tiempo en menesteres para mí no relevantes

Maquillaje, ropa y excelentes modales.


Y en ocasiones quiero ser

Así como plantea la sociedad, llenar el molde perfecto

Y otras muchas quiero ser

Así, como Dios me da a entender.

jueves, 7 de abril de 2011

Plan perfecto




Estaba a punto de renunciar, estaba por tirar todo a la basura sin más, quería irme, escapar, era como una cárcel, pero al mismo tiempo mi único refugio en el universo, ese punto constante que me hacía ser yo, esa única alternativa que me enclaustraba y me liberaba al mismo tiempo, ese lugar me producía los sentimientos más polarizados que existen. Me encontraba en el límite, pero no podía cruzarle, estaba apunto de abandonar la salida y escapar, pero yo mismo no me lo permitía, quería gritar, pero los años de labor me había secado la lengua, la garganta, y las entrañas, no podía silbar, no podía cantar, no podía, no quería, me tragaba las palabras como si fuesen el más exquisito aperitivo matutino.

Aveces despertaba con profundos deseos de muerte, salía de casa y deseaba ser arrollado por un auto a toda velocidad y que mis víceras quedaran esparcidas por el pavimento, me imaginaba como una manada de perros ferales acudían hambrientos al lugar del estropicio, y devoraban sin reparo todo mi contenido abdominal, podía escuchar el crujido producido al mordisquear las costillas, rebanando sin orden cada hueso, era una manada grande, oculta detrás del bosquecito en el centro del parque, corrían sin remedio, comían sin respirar, los más pequeños se enfocaron en mi rostro desdentado por el choque, y raspaban con sus patitas mis mejillas, lamían y mordían mis labios, rasgaban la piel y obtenían los fluidos que deseaban, rasgaban y mordían, comían sin masticar su alimento, lo hacían a toda prisa antes de que otro auto sobrepasara mis restos. Cuando un carro se aproximaba se limitaba a rodear los restos del cuerpo, y pasaba a la velocidad máxima permitida, los perros se escondían entre los arbustos, para salir de nuevo y seguir degustando su platillo. De pronto observaba mi cuerpo desentrañado, desollado, con las cuencas de los ojos vacías, partido en dos, con poca carne sobre los huesos, con arapos desgarrados cubriendo mi sexo, rodeado de una pestilencia insuperable, con tres perros medianos rumiando los huesos de mis piernas, a unos pocos metros de distancia, esa imagen atroz me producía placer y satisfacción, sería la única forma con la cual podría terminar el suplicio. Despertaba de mi breve sueño de unos cuantos segundos, y volvía a los menesteres de mi labor, seguía el resto del día sin recordar siquiera una imagen de esa película de terror en mi mente.

Terminaba mi turno, sacaba los pendientes, y anotaba lo que debía hacer a primera hora del día siguiente, terminaba deseando no volver al día siguiente, salía y seguía a pie pensando en una variada cantidad de posibilidades, como podría morir de la forma más digna, y que las personas lo olvidaran de inmediato, mi muerte con los perros devorando mis entrañas, sonaba como algo que se recuerda por décadas -mira, en esta calle se murió el señor, el que atropellaron y luego los perros lo mordieron y comieron, no dejaron ni siquiera los huesos, pobre hombre, que muerte tan fatal- dirían las personas curiosas al transitar cerca del lugar del accidente, así que empece a planear mi muerte, que no debía ser un suicidio, debía ser una muerte fortuita y cotidiana, sin testigos, sin posibles culpables, sin carta suicida, sin nada de indicara que no habría sido un accidente. -Debió ser un accidente, de eso no hay duda- esa es la frase que quería se escuchara al encuentro de mi cadáver, lástima que no estaría ahí para corroborarlo.

Así inicié el plan mortífero más que perfecto jamás ideado, no había que levantar sospechas, así que terminé el día como cualquier otro, volví a casa, no sin antes pasar a la panadería aledaña para adquirir un bollo con cubierta de chocolate y relleno de pasas, adornado con una hermosa envoltura roja brillante. Pero mi felicidad era evidente, el niño del mostrador empacó mi pan en una bolsa de papel, y me sonrió al darme el cambio, me sorprendió demasiado, por que mi carácter serio y huraño alejaba a los niños generalmente, así que debió haber visto ese brillo perpetuo en mis ojos que nunca antes había dejado que sobrepasara mi pupila. Nos echamos una mirada por un segundo, me dio mi mercancía al mismo tiempo que esbozó una sonrisita pícara, no contesté con el mismo afán, cogí la bolsa, y me volví de espalda sin dar las gracias tomé las monedas del cambio con la mano izquierda y las coloqué en mi bolsillo, no tenía tiempo para intimar con un chiquillo alegre y vivaz, como prometía ser este.

jueves, 24 de febrero de 2011

Un poco de mi infancia

Aprendí a hablar a los 9 meses según cuenta mi madre, podía pronunciar todas las palabras con claridad, pero jamás avisaba que quería hacer del baño. Aprendí artes plásticas a los 3 años, mis padres se asombraban de la perfección con la que representaba la figura humana en plastilina color verde y color roja, mi maestra Norma del kinder nunca me regañaba cuando cogía todo el bote son plastilina y me la quedaba para mi, no compartía con nadie, ella sabía en el fondo que yo le daría buen uso. Igual me dejaba calzarme los únicos zapatos de tacón que había en el cuarto, y que los sacara del aula para jugar en el recreo. Mi madre siempre dice que el día que llevó a mi hermana Iris a su primer día de kinder, mi maestra Norma brincó de alegría en su asiento, y dijo "¡Polet que bueno que volviste!" sin embargo no era yo aquella niña, mi madre tuvo que explicar que yo y estaba en segundo año de primaria, y que no volvería al kinder nunca más, y que llevaba a mi hermana Iris, por que ella si estaba en edad de estar ahí.

Aprendí a leer a los 4 años por obra de mi padre, es por eso quizás que leo más de lo que escribo. Para los 5 años ya estaba en la primaria, conocía todas las letras del alfabeto y los sonidos producidos al unir unas con otras, me fallaba un poco el manuscrito, por eso mi maestra Malú me hacía llenar repetidas planas de paletas, bolitas, palitos, espirales, y cuanta cosa saliera de su mente para así agilizarme la mano. Aprendí a dibujar mucho antes de lo que aprendí a escribir, mi primer retrato hecho a lápiz número 2, fue de mi hermana, mi primer modelo fue ella, mi primera inspiración y mi primera ocurrencia. Dibujaba bien para mi edad, me temo que nunca avancé más en aquello que tomaba tantas tarde de mi infancia. Para los 9 años ya había leído 3 libros completos y de los gordos, uno de fábulas y leyendas que rogué a mi madre me comprara con uno de esos vendedores que pasan por tu casa para echar la propaganda, e intentar vender alguno de los productos que llevan en los lomos encorbados por el peso y sudorosos por el calor. Otro uno que tenia mi maestra Vicki de quinto de primaria. Cada vez que terminab el trabajo iba y lo revisaba, y me daba una escapadita a la repisita con libros varios, para tomar "las aventuras de Tom Sawyer", luego "el principito", había algunos con cuentos cortos que no me llamaban mucho la atención, pero si leí algún que otro cuentito de unas dos o tres hojas de extensión.

Nunca tuve una infancia muy agradable, nunca supe por que, a los demás niños gustaban de sacarme pleito, y decirme cosas, no tuve nunca muchos amigos, de hecho sólo tenia dos, Manuel y Ricardo; el primero está casado, el segundo reprobó cuarto de primaria y no supe nunca más de él. luego me quedé sola por un rato, no tenía ese "mejor amigo" que se consigue a esa edad, las niñas no me hablaban mucho, tampoco sabia el motivo, no me incluían en los juegos de deporte, quizás por que estaba muy flaca y no lucía del todo atlética. Era la última que elegían para el voley ball, el futibeis, basket ball, pero siempre fui líder estratega en las corretiadas, policias y ladrones, el tiburón, me autonombraba lider y nadie emitía represalia ante ello.


Era la primera en la que los maestros pensaban para pasar a decir los honores a la bandera, o la que escogían para la escolta, aunque sólo salí una vez, eso de la escolta no era para mi que siempre llegaba tarde. Tomé clases de ortografía, sólo para estar en el club de lectura, estaba como en cuarto de primaria, la maestra era una jóven como de unos 23 años a lo mucho, era flaca, alta y delgada, usaba aparatos en los dientes y siempre olía a fresas, su cabello era rizado y largo, siempre lo medio recogía con una peineta negra, nunca usaba bolsa para sus libros, sólo usaba una para sus cosas personales. Llevaba los libros en brazos. Era la primera persona que conocía en mi vida que le gustaba leer, que había estudiado para leer, que enseñaba sólo por que se le daba la gana hacerlo, no recibía ningún peso por darnos clases, pero todos los martes y jueves a las 4 de la tarde ella estaba en la entrada de la escuela esperando que se juntaran todos los chamacos que fueran posibles, para luego ir a pedir las llaves de alguna aula desocupada al director de la tarde, el director de la mañana, mi director, fungía como maestro por las tardes en la misma escuela, la cual llevaba nombres diferentes en cada turno. En ocasiones no había aulas, y nos enseñaba los secretos de la buena escritura bajo un arbolón cerca de la entrada, donde había una mesita y sillas desoldadas que sacaban y dejaban abandonadas por ahí, esa era nuestra aula entonces.

Siempre fui más bien solitaria y sin amigos, sobretodo en los últimos dos años de primaria, cuando las diferencias entre hombres y mujeres comenzaron a ser marcadas, y Manuel me dejó para jugar al fútbol y demostrar su hombría. Mientras yo, veía de lejos como todas las grandes jugaban voley ball en el patio principal. Esas niñas de doce o trece, dos más ya con quince años cumplidos, y sus cuerpos desarrollados, tenían senos y cuerpos agrandados, se llevaban con algunos maestros y podían sostener pláticas con los profesores de sexto año, se creían las grandes y adultas, yo las observaba con atención, desde la puerta cercana a la dirección, con mi vestido de mezclilla, calcetas azul marino y una blusa blanca debajo del refajo. Con una coleta de lado, el cabello rizado y alborotado como hasta estos días. Aveces las observaba con odio, por que eran tan diferentes a mi,la verdad nunca supe bien por que, pero me caían mal, lo que sí sabía muy en el fondo es que nuestros destinos serían totalmente diferentes, a mis escasos 10 años de vida ya había decidido mi destino. Tenía que ser igual que esa mujer que salvaba a un pueblo entero de la devastación total, una película inspiró mi camino, quizás por eso me gusta tanto el cine, y la ciencia ficción.

Nunca tuve muchos amigos, nunca fui bonita, nunca fui la alta ni la chaparra, nunca la más inteligente, nunca la rica ni la pobre, no fui la que llevaba la papelería completa a la escuela, ni la de asistencia perfecta, más bien faltaba seguido cuando no se me daba la gana ir a la escuela, nunca fui la que llega temprano, pero si la que llega tarde a la clase de las 7 de la mañana, o de plano no llega, siempre mantuve un perfil bajo, sin embargo de alguna manera me hice notar, mis comentarios en clase eran acertados, aveces cómicos, era lo único que le quedaba una lúgubre criatura como yo. Mi infancia no fue la más feliz en el contexto contemporáneo, no tuve nada fuera de lo ordinario, no salia mucho a jugar a la calle, de hecho no hay nada que recuerde que sea realmente feliz y digno de recordar, y a pesar de todo, recuerdo vívidamente cientos de pasaje triviales y aburridos, como si hubieren ocurrido ayer.


lunes, 21 de febrero de 2011

Clara

... y aquel día soñé que había perdido por completo la capacidad de amar, el poder de enamorarme, que hasta ese momento habia conocido sólo con aquel cáilido hombre, que con el tiempo, fuí olvidando, poco a poco y sin darme cuenta, todo aquel drama era un borroso recuerdo en el espacio de mi memoria, y una luz brillante, enternecedora, triste y dolorosa resguardada aún en un profundo compartimento dentro mi ser, en el estómago podría ser, donde sentía como todo se unia y me hacía pasar un mal rato. Recuerdos no gratos recorrian mi cabeza y mi cuerpo, un hormigueo, unos piquetes en las plantas de los pies y las palmas de las manos, eso era por lo que pasaba cuando venían a mí todas aquellas emociones.


Desperté de un salto, temerosa de él, temerosa del mundo, era un combinación de sensaciones muy controvertidas, tenia ese gusto que se libera y explota dentro de sí, al decir alguna mentira, o al robar algún objeto sin testigos habladores y sin ser detenido por la autoridad, al mismo tiempo, el miedo que se siente de ser descubierto, mejor dicho; todo estaba opacado por el miedo, tenia miedo de volver a sentirme indefensa ante aquellos ojos café claros, más bien casi ocre, amarillosos y perpetuos, con una mirada adulta pero afable, con una profundidad intensa y al mismo tiempo indecifrable, podía pasar una tarde entera tratando de adivinar sus más secretos pensamientos, sin lograr pista alguna de lo que acontecía en su ser, hermoso, incorrupto por el tiempo, con su piel lisa y bronceada por efecto del sol del medio día, casi celestial, casi perfecto, no era de este mundo, y este mundo no merecía tanta perfección en un sólo cuerpo, yo no merecía tanta perfección a mi lado, pero lo deseaba, lo deseaba más que a nada en el mundo, más que al dinero, más que a mi profesión, más que al agua y más que cualquier alimento, era lo único en lo que podía pensar día y noche, en él y en tratar de adivinar sus secretos, sus pensamientos, sus idelaes, y todo lo que aconteciere en torno suyo. Ese era el momento, y ese era justo el sentimiento, estaba enamorada, estaba enamorada del ser más perfecto sobre el universo entero.


Sin darme cuenta, todo pasó rápido y ligero. Este cúmulo de sensaciones que crecía dentro de mi vientre día con día, no hacía más que crecer, y tomar razones para sí, mi cabeza no hacía más, sólo justificarlo, no tenía razón ni sentido para pensar en nada más, ocupaba todo mi tiempo, mis fuerzas, todas mis células cerebrales trabajando en conjunción tratando de decifrar cada detalle de su vida, de sus gustos, de su olor. En ocasiones pensaba ¿a qué sabría su piel si le diera un mordisco?, el sabor, era un sabor a ciruela salada, la piel sobre su cuello, el sabor de sus labios, era como un coco tierno, un sabor suave pero perdurable, húmedo y sabroso. Fui adivinado desde ese día todos los posibles sabores de su cuerpo, hasta el de los lugares indiscretos.



Aquel día y en aquel sueño, soñé también que sólo había una persona en este mundo, de todos esos miles de millones de humanos, sólo existía uno de entre millones que entendía mis más bizarras ideas, y las compartía, soñé entonces que pensábamos al mismo tiempo, las mismas trivialidades. Que sueño romántico aquel del que no quería despertar. Estaba ida en el limbo de los sueños, extasiada de imaginarte a mi lado por la eternidad, esa palabra que suena como mucho tiempo y es infinita, esa palabra única que describe justo lo que sentí en ese momento, era eterno...



Abrumada reparé en tus ojos, eras tú, esa única persona de entre miles eras tú con tus ojos color ocre y tu piel con sabor a ciruela salada, y con ese aroma a hombre, a fuerza y tenacidad, con tus suaves y delineados labios, rojos como las cerezas en almíbar que tanto gozabas degustar. Vino a mi el primer recuerdo de tus bellos ojos penetrando en mi alma, claros y sublimes, y tu esplendorosa voz, espetando las más perfectas palabras jamás unidas, y yo, que en ese entonces no sabía lo que sería, escuchándote interesada, y asintiendo con la cabeza, prestando atención a la historia mostrada, y tratando de dar mi más certero comentario, estudiando al mismo tiempo tu comportamiento y pensando un sin fin de cosas que nada tenían que ver con el momento. Me di cuenta que existió aquel instante del primer acercamiento, donde nuestras manos se rozaron en el camino a la bebida, cosa trivial y ordinaria, la recuerdo y atesoro en mi entendimiento. Luego la vida pasó, y sin darme cuenta mi suerte estaba echada, habría se sufrir por ti, y en ese momento me daba por enterada...



Después de aquellos cinco años, todo se fue acabando, primero el distanciamiento, luego los intereses se polarizaron, tu en tus cosas y yo en lo que hasta el momento llamaría las mías. Así como todo inició, sin darme cuenta, así mismo advertí el fin del martirio, y me asusté, y no había nada, no existía sentimiento alguno en mis entrañas, en mi vientre, en mi ser. Tenía un temor inmenso, y esa vocecita chillona en mi cabeza que me decía, que esta había sido mi ultima oportunidad. Sentí desconfianza de mi, recelo de mi extrema prudencia, me sentí culpable por haber ocultado lo que no debía, violentos pensares acobardaban mi ente, medrosa y timorata, no sabía que hacer, tenía miedo de no volver a encontrar unos ojos color ocre que me hicieran amar hasta el infinito.

miércoles, 26 de enero de 2011

2011 NO CAPITAL LETTERS

2011--> nuevos planes, mismas metas

mis metas de este año:

--- titularme
--- ganar un kg de peso
--- volver a dibujar
--- volver a escribir
--- volver a concentrarme
--- volver a hacer ejercicio
--- volver a escucharme internamente
--- volver a ser vegetariana
--- recuperar la confianza
--- creer en mis capacidades
--- recuperar mi autoestima
--- no volver a dejar proyectos inconclusos por mucho tiempo